Grises olivos de hojas
olvidadas en viento de invierno gris.
Manos expertas y aprendices,
mezcladas en el mismo paño,que miden pulgadas de helados terrones.
masculinas marcan al alba,
componen sinfonías incompletas
de Schuberts repletos de cultura popular.
Y el tinte de las aceitunas
enluta uñas sin manicura
y dibuja arrugas perpetuas en las manos,
como láminas de psiquiatra sin diván.
El viento dibuja en el olivar
pinceladas albas, y verdes, y albas.
Su capricho dispone el color,
aquí y allá, sin más orden que el suyo.
Viento que suelta los cabellos,
que con el frío corta,
mientras,
con el monótono ritmo
de las varas en las ramas,
pasa un año más para el olivo,
y uno … menos.






