¿Sí
o no, quién se acuerda ya de eso? La violencia ha venido a vernos con un solo
propósito: “convencernos” de las bondades de un estado que reprime a sus
conciudadanos a porrazos. Con las manos arriba y canciones de una rancia
transición como única arma; delante… mentes (si hay mente) jaleadas desde
provincias al grito de “a por ellos” y “dadles fuerte a los catalanes”. Quizá,
incluso parientes míos animaron con sus aplausos las tropas que, capitaneadas
por la manipulación de unos y la mentira de un PP sin escrúpulos, han llegado a
nuestra tierra obsesionados por cumplir el jaleado al pie de la letra.
Nuestros
padres llegaron para vivir, porque su tierra no les daba vida. Nos criaron en
el amor a las raíces y el respeto y agradecimiento a la que les había ayudado a
vivir; nosotros hemos aprendido a amarla con la misma intensidad que a nuestros
orígenes; pero, ahora, no entendemos nada. Unos gritan, otros pegan, otros
insultan los que más mienten; pero, hablar… ¿alguien está dispuesto a hablar
para poner un punto de razón y lógica a lo que nos está pasando?
La
pena me recoge la garganta en un puño de angustia, y el aire de la esperanza no
encuentra por donde entrar; porque nada, NADA justifica el uso de la violencia
en ninguna situación y bajo ningún concepto.
Sí,
no hay quién se baje de su particular “burro”, y mientras, a los que vamos a
pie, nos tocará recoger los platos rotos y curarnos fraternalmente las heridas.
Hablar,
¿alguien quiere hablar?